Pilar, octogenaria. Su piel es casi como un papel de fumar. Su extrema delgadez le ha ido provocando una infección localizada en el lugar en el que hace ya muchos años le implantaron una parte de un marcapasos que, en su día, le supuso una segunda oportunidad.

Ya entonces, el corazón de Pilar dijo que era incapaz de marcar el paso por sí solo y que si no había algo o alguien que le fuera forzando a alcanzar un ritmo adecuado no podía seguir funcionando.

Ese primer marcapasos le alargó su vida, pero su extrema delgadez le ha provocado una serie de problemas que han terminado por ocasionarle una seria infección en la que ya su vida volvía a pedir una nueva oportunidad.

De nuevo la suerte, la técnica y las manos del equipo de cardiología del doctor Jesús Oneto, en el hospital de San Rafael, propiedad de José Manuel Pascual, le han dado una nueva alternativa.

Este periódico ha podido estar presente tanto en los preparativos previos como en el desarrollo de la intervención a la que fue sometida en días pasados Pilar, que accedía a los quirófanos del centro sanitario ubicado en calle Diego Arias de Cádiz con una sonrisa en sus labios y ganándose el cariño de todos los que tuvieron el privilegio de poder vivir este milagro de la ciencia y de la Medicina.

“Que yo estoy bien para venir andando y bailando si hace falta”, decía Pilar, cuando por protocolo llegaba hasta el quirófano en una camilla.

A pesar de llevar ya más de una semana medicada con altas dosis de antibióticos para luchar contra la infección que quería quitarle la vida, Pilar tenía piropos para dar y regalar, saludando a la media docena de sanitarios que la esperaban con un cariñoso “Sean buenas tardes para todos”. Y es más, el doctor Jesús Oneto, le preguntó antes de iniciar la intervención, “¿Cómo estás, Pilar?”, a lo que ella contestó con un “¿Yo? Divinamente”.

Pero su estado de salud no era tan “divino”. La infección que llevaba tiempo castigando a su débil y delgado cuerpecito pedía a gritos una alternativa que pasaba forzosamente por quitarle el marcapasos que le estaba provocando esa infección. Pero el corazón de Pilar ya no sabía funcionar por sí solo y necesitaba un nuevo maestro de baile, un nuevo marcapasos más sencillo y más asumible por su débil anatomía.

Y es ahí donde la ciencia y la Medicina se dieron la mano. La experiencia y años de investigación de una empresa como Medtronic, que desarrolló y fabricó el Micra VR, y las manos del doctor Jesús Oneto, que lleva a cabo, desde hace unos meses su función como cardiólogo en el hospital que el empresario José Manuel Pascual tiene en pleno casco histórico de la ciudad de Cádiz hicieron lo demás.

Pero, antes de llegar a ese momento, fueron muchas las trabas. No todo el mundo puede acceder al Micra VR debido a su alto coste que supera los 8.000 euros, cuando el marcapasos convencional que se viene instalando desde hace años no supera los 2.000.

Ahí también fue el doctor Oneto y los responsables de la Clínica de San Rafael los que tuvieron que luchar contra la burocracia para conseguirle a Pilar una nueva alternativa, una nueva opción que le supusiera una nueva prórroga en su vida.

Finalmente la burocracia se replegó y entendió que sin este innovador marcapasos, el Micra VR, la vida de Pilar podía tener los días contados. Y el último día de esa larga carrera llegaba el pasado lunes 27, cuando a las 16.30 horas, un equipo formado por los doctores Jesús Oneto y Miguel Alba, con la atenta mirada del ingeniero y representante de la empresa Medtronic, Gonzalo Heras, y con la inestimable colaboración de varios enfermeros y enfermeras, entre los que destacaron Lara Shorbaji y Francisco Medina, ambos especializados en hemodinámica, además de otro grupo de auxiliares que pusieron su granito de arena para darle esa segunda oportunidad a Pilar.

El marcapasos con el que contaba esta paciente hasta ese momento funcionaba con un dispositivo anclado en el corazón y con un cableado que lo unía y le daba energía ubicado bajo la fina piel y por encima del pecho de Pilar. Pero ésta se había deteriorado y fracturado, y parte de ese dispositivo se estaba quedando al aire, provocándole una infección que podía acabar más pronto que tarde llegándole hasta el corazón y provocándole una letal endocarditis.

A pocos metros de la camilla de Pilar todo parecía fácil. La tensión era disimulable pero allí estaba. El ingeniero de Medtronic, Gonzalo Heras, advertía de la dificultad que entrañaba la delgadez de Pilar a la hora de introducir a través de su femoral la guía por la que tendría que viajar ese dispositivo que le suponía esa ansiada y necesitada segunda oportunidad. Pero la respuesta que obtuvo por parte del doctor Miguel Alba fue sencilla: “Tranquilo, Gonzalo, se hará con una dosis especial de cariño”.

Y, tal y como previó Heras, de Medtronic, llegó el instante de introducir esa guía y el momento en el que era necesaria esa dosis de cariño a la que hacía alusión el doctor. La guía accedió desde la ingle de Pilar con rumbo fijo hasta su corazón.

Lo peor había pasado. La pericia de Jesús Oneto fue crucial para que la tensión que provocó este momento quedara diluida en el ambiente y que, casi de manera simultánea, las sonrisas se presumieran tras las mascarillas de todos los allí presentes. “¿Cómo está, Pilar? Aguante, un ratito más, y ya la dejamos tranquilita”.

Ella estaba del todo consciente ya que la anestesia era local y tan sólo le dejó dormida la pierna a través de la cual iba a introducir todo el aparataje necesario para esta complicada intervención.

Ya, a partir de ahí, todo parecía coser y cantar a juzgar por las caras de los caridiólogos y las de Lara Shorbaji y Francisco Medina.

Las manos de Oneto trabajaban en el interior de Pilar y él, al igual que todos los presentes, lo visionaban todo desde las distintas pantallas con la que cuenta esta quirófano de la clínica gaditana de San Rafael. El Micra VR llegó hasta el ventrículo del corazón de Pilar y allí quedó depositado y activado directamente bajo la tutela de Gonzalo Heras.

Él mismo confesaba que el nuevo marcapasos había sido configurado durante la intervención casi a ojo de buen cubero a la vista de las características que presentaba la paciente pero que ya, en horas posteriores, se irían afinando los parámetros para hacer que ese nuevo dispositivo que ya reposaba en el interior de Pilar fuera imponiendo el ritmo que necesitaba su octogenario corazón.

Todo terminó. En una hora y poco, Pilar consiguió esa segunda oportunidad. Una nueva opción para seguir adelante.

La jornada fue redonda, y más cuando este periodista recibía, ya por la noche un feliz whatsapp del doctor Jesús Oneto en el que decía “Todo perfecto, Joaquín, Pilar descansa. Todo ha ido de maravilla”.

Fuente: diariodecadiz.com